Cómo los Kushner casi compraron el Mundial: la conspiración secreta de la FIFA de 20.000 millones de dólares

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se encuentra al borde del colapso político. Su plan de vender una participación del 20% en la filial comercial de la organización a inversores privados por 20.000 millones de dólares desencadenó una rebelión sin precedentes por parte de las principales confederaciones de fútbol. La UEFA amenazó con un boicot a todos los torneos de la FIFA, incluidas las Copas del Mundo, y a ella se unieron rápidamente la CONCACAF y la Confederación Asiática de Fútbol. En el centro del escándalo se encuentra la empresa de inversión de Joshua Kushner, hermano del yerno de Donald Trump, Jared Kushner, que iba a convertirse en el "inversor ancla" del acuerdo. Según informes de prensa, Infantino ya ha recurrido a la administración Trump en un intento desesperado por salvar su puesto. La historia ha expuesto no solo la cara corrupta de los más altos escalones del fútbol, sino también el vínculo directo entre la familia Kushner y el círculo íntimo del presidente de EE. UU. que casi llevó al fútbol mundial al borde de una división.

El escándalo estalló a finales de julio de 2026, cuando salió a la luz el plan de Infantino de crear una entidad comercial llamada FIFA Forward Enterprises (FFE) y vender el 20% de sus acciones a inversores privados por 20.000 millones de dólares. Según la propuesta del presidente de la FIFA, cada una de las 211 asociaciones nacionales recibiría 20 millones de dólares por adelantado y 66 millones de dólares adicionales hasta 2037. Sin embargo, la dirección de la UEFA consideró la iniciativa como un intento de "transferir la propiedad de la Copa del Mundo a inversores privados". En un comunicado de emergencia, la confederación europea enfatizó que "la Copa del Mundo no es un producto de inversión" y "nunca se venderá". La UEFA amenazó con que sus 55 asociaciones nacionales se retirarían de cualquier torneo de la FIFA, incluidas las Copas del Mundo masculina y femenina, hasta que el plan fuera completamente desmantelado.

A la UEFA se unieron inmediatamente la CONCACAF (Norteamérica y Centroamérica), incluidos los anfitriones de la Copa del Mundo de 2026, Estados Unidos, Canadá y México, así como la Confederación Asiática de Fútbol. En total, 143 de las 211 asociaciones nacionales se opusieron al plan. La AFC, en su comunicado, exigió una "revisión urgente de la gobernanza de la FIFA", citando "debilidades fundamentales en los procesos de consulta y toma de decisiones". Incluso la CONMEBOL (Sudamérica), que durante mucho tiempo se había mantenido al margen, solicitó detalles adicionales a la FIFA sobre la estructura y gestión del proyecto.

El viernes por la noche, Infantino se vio obligado a archivar el proyecto. Pero sus problemas no han hecho más que empezar. Dos altos funcionarios de la FIFA se opusieron públicamente al plan: el asesor especial del presidente, Carlos Cordeiro, dimitió en protesta, afirmando que "no puede quedarse de brazos cruzados mientras la FIFA considera vender una participación en la Copa del Mundo". El director de operaciones, Kevin Lamour, que había trabajado con Infantino desde sus días en la UEFA, lo acusó de engañar al personal por falta de transparencia, calificándolo de "proyecto de un solo hombre".

La figura central del escándalo es Joshua Kushner, el hermano menor de Jared Kushner, casado con Ivanka, la hija de Donald Trump. La empresa de inversión de este último, con sede en Nueva York, iba a convertirse en el "inversor ancla" del acuerdo y recibiría una participación del 20% en la FFE. Según informes de prensa, este no fue el primer intento de Infantino de congraciarse con el círculo íntimo de Trump: anteriormente había establecido el "Premio de la Paz de la FIFA", permitió a Trump intervenir en un proceso que resultó en que el delantero estadounidense Folarin Balogun jugara en la Copa del Mundo, y ahora estaba intentando sellar un acuerdo de 12 años con la firma de Kushner.

Además, según el New York Post, Infantino, objeto de críticas, recurrió a la administración Trump en busca de ayuda. El presidente de la FIFA solicitó una reunión con el secretario de Estado, Marco Rubio, en un intento desesperado por salvar su puesto, aunque el propio Trump, al ser preguntado por los periodistas en Camp David, afirmó que "nunca había hablado con él" sobre la propuesta.

El escándalo de la FIFA no es solo una historia sobre finanzas futbolísticas. Es una cruda ilustración de cómo la ambición personal y las conexiones políticas pueden poner en peligro a instituciones enteras. Infantino, quien durante más de 10 años en el poder, más que cuadruplicó la financiación de las asociaciones nacionales, creía que podía eludir todos los procedimientos democráticos, confiando en el apoyo de 211 votos que se había acostumbrado a comprar con dinero. Pero calculó mal: los dirigentes del fútbol europeo y americano demostraron no estar dispuestos a vender la mayor marca deportiva del planeta a inversores privados, ni siquiera por generosas promesas.

El papel de la familia Kushner en esta historia es el aspecto más intrigante. El intento de sacar adelante un acuerdo multimillonario a través del cuñado del presidente de EE. UU. parece un ejemplo clásico de cómo aprovechar el capital político para obtener beneficios comerciales. Que Infantino, desesperado, recurriera a la administración Trump solo confirma que para él, la FIFA no es una organización deportiva sino un instrumento político que se puede negociar.

Las consecuencias de esta crisis serán duraderas. Incluso si Infantino sobrevive a una moción de censura (que requiere 43 votos), su autoridad se ha visto permanentemente socavada. La UEFA y otras confederaciones han demostrado su voluntad de separarse, lo que significa que en el Congreso de la FIFA en Rabat en marzo de 2027, se enfrentará a una seria batalla por la reelección. La principal lección de esta historia es simple: ni siquiera el funcionario más poderoso puede vender lo que no le pertenece. El Mundial pertenece a miles de millones de aficionados de todo el mundo, no a los intrigantes políticos y a quienes buscan el enriquecimiento personal.